viernes, 3 de octubre de 2014

Un nuevo estudio revela cómo puedes renovar tus genes

Últimamente se está hablando mucho acerca de la “activación del ADN“, algo que suele considerarse como un disparate más de la corriente New Age sin base científica alguna. Sin embargo, un reciente estudio realizado por investigadores de Wisconsin, España y Francia, aportó las primeras pruebas de cambios moleculares específicos tras un periodo de meditación consciente.  Este estudio demuestra que realmente podemos activar ciertos genes durante la meditación, una idea que se atribuía tradicionalmente a las pseudociencias.
Se trata del primer estudio que muestra rápidas alteraciones en la expresión de los genes asociadas a la práctica de la meditación consciente,” afirma el autor del estudio Richard J. Davidson, fundador del Centro de Investigación de Mentes Sanas y profesor de Psicología y Psiquiatría de la Universidad de Wisconsin-Madison.
“Lo que es aún más interesante, es que los cambios se observaron en genes que actualmente son el objeto de estudio en ensayos clínicos de fármacos antiinflamatorios y analgésicos,” declaró Perla Kaliman, primera autora del artículo e investigadora en el Instituto de Investigación Biomédica de Barcelona, España (IIBB-CSIC-IDIBAPS), donde se realizaron los análisis moleculares.
El estudio se publico en la revista Psiconeuroendocrinología. Las prácticas basadas en la meditación consciente han demostrado efectos beneficiosos sobre los trastornos inflamatorios en estudios clínicos anteriores, los cuales han sido validados por la Asociación de Cardiología de los Estados Unidos de América como una medida de intervención preventiva. Estos nuevos resultados proporcionan un posible mecanismo biológico subyacente a los efectos terapéuticos. Asi, no se trata de estemos cambiando nuestro material genético cuando alcanzamos estados de meditación profundos, sino que cambiamos qué genes se expresan y en qué medida afectan al organismo.
BNE Torreón

¿Cuál es el nivel de consciencia de tu árbol genealógico?

Una de las preguntas que debemos realizarnos, gira alrededor del nivel de “consciencia que había en nuestro árbol en el momento de nuestro nacimiento. Para ello sería conveniente que repasáramos el concepto y los niveles de consciencia de la mano del maestro Alejandro Jodorowsky.
Según sus propias palabras, consciencia es un estado de unión con la vida universal. Es una expansión continua, igual que el Universo.
Lao Tse dice, “Hay que ser como el agua que toma la forma del vaso que la contiene”.
Añade que las enfermedades son cristalizaciones de niveles de consciencia que no cambian. “Las enfermedades genéticas son “abrigos” que te han puesto y que vienen del árbol”
El desarrollo de la consciencia, según Jodorowsky, está graduado en niveles, de más a menos límites, hasta procurarnos la suprema liberación que es la que nos une de manera total con el Universo. Partimos de que es posible liberar a la consciencia de sus límites, paso a paso tal como se alcanzan los niveles de pericia en el kárate, pasar simbólicamente del cinturón blanco, al negro.
Los tipos de consciencia los podemos clasificar según una escala evolutiva, empezando por el punto más bajo:
CONSCIENCIA ANIMAL (Caracterizada por los problemas con el territorio)
Solo se preocupa de cubrir las necesidades más primarias. Transforman la realidad en una jungla de agresividad. Es lo que ocurre en el mundo animal donde solo se desarrollan los egos más bajos. La motivación se centra en la satisfacción de las necesidades básicas. Se han desarrollado los egos material y sexual, el emocional e intelectual están inmaduros. El motor de la acción es la supervivencia y sus respuestas giran en torno a la comida, el sueño y el sexo. Un asesino a sueldo es un ejemplo claro de consciencia animal.
CONSCIENCIA INFANTIL (Cuando la persona permanece infantilizada)
Es la propia de la infancia donde la prioridad es el entretenimiento. Jugar, coleccionar, ver películas. Es la consciencia de los “parques temáticos” y de las películas americanas. No se pretende llegar a ningún sitio, no hay ideal o búsqueda, sólo se plantea entretener. La sociedad americana está en este nivel, es la cultura del ocio y entretenimiento, no saben defenderse a pesar de la maquinaria bélica de la que disponen. Nuestra sociedad trata de mantenernos en este nivel, donde somos consumidores compulsivos. Un niño tampoco puede montar ninguna “revolución”, el poder puede manejarnos con total tranquilidad…
CONSCIENCIA ROMÁNTICA (En este nivel se está permanentemente pidiendo…sin dar)
El mundo de las telenovelas y de las noticias del corazón. Hay una visión cursi de la vida que conduce al perfeccionismo. Podemos observar a este personaje típico en muchas de las series de televisión actuales. Consiste en valorar por encima de todo el hecho de: “realizarse es encontrarse con su pareja”. Continuamente se está a la búsqueda de la mujer o del hombre ideal. No se es consciente de que la pareja es una crisis continua.
CONSCIENCIA ADULTA NEGATIVA (El adulto es el sujeto que invierte. Ahora bien, puede ser un adulto explotador, cuyo afán sea poseer y explotar)
Es el político, industrial o traficante de drogas que hace mucho dinero aprovechándose de los niños y de los románticos. (Los que se encuentran en un nivel inferior de consciencia). Usan su poder en beneficio propio sin valorar el daño que está provocando a la sociedad en la que vive. No le importa plagiar, si eso le va a aportar beneficios. Responsables de crear industrias “tóxicas” que generan muchos beneficios pero contaminando y lastrando a la sociedad. De ser explotador, el egoísmo le puede llevar a ser abusador y vivir en un aislamiento mental con nivel cero de empatía.
CONSCIENCIA ADULTA POSITIVA (El adulto generoso, que por el contrario no se queda nada para él, sino que se lo da a los demás. El adulto generoso también sabe recibir y aprende lo que es el servicio).
Es el que da un servicio a su comunidad, aunque gane mucho dinero con eso. Puede ser un gran médico o cirujano. Tal vez un empresario que además de ganar dinero beneficia de alguna manera a la sociedad que le rodea. Muchas veces la consciencia adulta lo es a escala local. Actualmente saltan a la prensa constantemente acciones solidarias de conocidos empresarios y artistas que son claros ejemplos de este nivel de consciencia.
CONSCIENCIA PLANETARIA (El nivel al que todos los habitantes del planeta deberíamos de aspirar)
Cuando el servicio que se ofrece trasciende las barreras locales y se expande a nivel planetario. Es el nivel al que debemos aspirar ya que todos nos movemos por el Universo a bordo de esta nave espacial que se llama la Tierra. Pero el error del ser con consciencia planetaria es quedarse estancado en el aquí y ahora, y así, no llegar al destino de cada ser: el de fusión total con el Universo.
CONSCIENCIA CÓSMICA (En este nivel ya se ha descubierto que todo está unido. El secreto de la conciencia es la “re-unión: volver a unir lo que estaba separado)
Estamos en un sistema planetario girando alrededor de una estrella que es el Sol. Formamos parte de una galaxia que a su vez pertenece al universo. Es una escala muy grande, que nos supera y convierte en una pequeña gota de agua en un inmenso océano. Sabe relativizar los problemas cotidianos, porque se inclina ante las leyes del cosmos. Acepta la muerte, se desprende de toda posesión y se entrega a la vacuidad.
CONSCIENCIA DIVINA (Nivel de conciencia unida al nombre inefable que está dentro de cada uno)
Es la que alcanzaron: Buda, Cristo y Mahoma. Un nivel que cae fuera de nuestro alcance, somos seres humanos, la divinidad queda en otro plano de momento. Sin embargo, todos llevamos dentro esa llama divina, nuestro Dios interior. Todos nuestros “yoes” se pliegan ante este diamante central, que no podemos conocer, pero sí sentir.
Nuestra mirada al mundo está filtrada por el nivel de consciencia que tengamos y ésta, a su vez, está directamente relacionada con el nivel de consciencia de nuestro árbol genealógico. Sin embargo, todos podemos ir avanzando. El edificio de la consciencia lo vamos construyendo a lo largo de nuestra vida desde abajo hacia arriba, todos los niveles son importantes, todos hay que vivirlos. Incluso cuando hayamos alcanzado pisos elevados, el ático, el mirador…
¿Qué es falta de consciencia?
Cuando algo que te ha sucedido y no recuerdas te está marcando. El trato que te dieron tus padres: las neuras, obsesiones, maltratos…se transmiten por el árbol genealógico. ¡Tú haces lo que te han hecho!
Es como una maldición, pero se puede cortar. Si nos hacemos conscientes de nuestros traumas genealógicos, los desactivamos. De ese modo curamos nuestro árbol genealógico, dejamos de transmitir por él esos errores. Según Jodorowsky, el último don que tú das es tu conciencia. Cuando lleguemos a la muerte, lo mejor que podemos ofrecer es una perfecta y luminosa conciencia, una conciencia clara que hay que saber crear.
“Cuando empiezas poco a poco a desprenderte de tu identidad, a ser un humano genérico, dejas de verte en una edad determinada. Luego dejas de identificarte con el tiempo en general. Después ya no te reconoces originario de una patria o hablante de una lengua determinada. No te ves en tu nombre, no te confundes con las cosas que posees, vas cesando en la identificación. Te agarras a lo que eres. A la alegría de la vida. Eres cada vez más feliz y no necesitas el traje rígido del carácter o de la personalidad. Te haces fluido, como el agua.”
BNE Torreón

Las resistencias: fuerzas contrarias al cambio

La psicogenealogía parte de la premisa de que determinados traumas y comportamientos inconscientes se transmiten de generación en generación, por lo que para que un individuo tome consciencia de ellos y pueda desligarse de los mismos es necesario que estudie su árbol genealógico. Ahora nos encontramos en la segunda parte, después de un arduo trabajo en el que hemos recopilado y organizado mucha información sobre nuestro árbol genealógico.
Tal vez ya visualizamos “la misión loca de nuestro árbol” que puede consistir en una profesión (el abuelo era abogado como nuestro padre y como nuestro caso), en un determinado tipo de casamiento, o en cualquier otra determinación… Cuando nos separamos de su programa establecido empezaremos a encontrar resistencias que simbolizan las quejas de nuestro árbol para que nos liberemos del contrato de lealtad que nos une a él.
Estas resistencias son como corrientes marinas que se oponen al avance de un navío. Pueden manifestarse sin que el mismo consultante sea consciente e influyen tanto en su comportamiento, como en hechos sincrónicos que suceden alrededor del momento en que se pone en marcha un cambio.
Imaginémonos el árbol genealógico actúa como un camarero que lleva su bandeja, cargada con vasos y botellas, apoyada sobre una mano. Cuando un vaso se sale de su sitio (el individuo que toma consciencia), toda la bandeja se desequilibra y eso es lo que el camarero tratará de evitar. Debe encontrar el nuevo punto de equilibrio, es un momento donde el árbol “grita”, se desequilibra el sistema.
¿Hasta dónde podemos llegar?
Es muy importante entender que cuando nos movemos llevamos a todo nuestro “clan” con nosotros (se dice que junto a cualquier persona siempre viajan todos sus ancestros, unas catorce personas como mínimo: los padres, abuelos y bisabuelos). En algún momento de nuestra vida escuchamos la “llamada” para realizarnos, pero una pared de resistencias se opone a nuestro avance, como una bestia que nos frena. En ese momento necesitamos encontrar a una figura que actúe como maestro/a que nos abra una puerta en esa muralla defensiva que es el árbol genealógico.
También podemos dejarnos conducir por un experimentado arbolista que sin duda nos facilitará el proceso y sabrá cómo trabajar con nuestras resistencias para desarmarlas. El arbolista es un conocedor de los símbolos que se emplean en las diferentes culturas y tradiciones. Señala las cosas que ve y marca el camino, pero es el consultante quién ha de realizar el esfuerzo por sanarse, nadie lo puede hacer por él.
Recordemos que aunque un maestro pueda indicar dónde está la puerta, somos nosotros los únicos que podemos cruzarla.
En ese nuevo camino que se nos abre, nos encontramos con aliados que nos ayudan y con enemigos que nos recuerdan la persistencia del pasado. En un punto del camino morimos a lo que éramos y realizamos una “mutación”, traicionamos a nuestro “clan” (en realidad lo que ocurre es que elevamos nuestro nivel de consciencia, dejamos de repetir viejas fórmulas caducas).
Hay que aclarar que nuestro éxito también es el éxito de nuestro árbol genealógico. Lo que nos damos a nosotros mismos, se lo estamos dando a nuestro árbol. Entendemos que las resistencias son reacciones de defensa. Cada vez que nosotros “movemos algo” nuestro clan también se mueve por efecto del inconsciente familiar que trata de reequilibrar la situación. No estamos atados a ese inconsciente, aunque sin duda nos “fastidia” cada vez que tratamos de transformar alguna cosa.
En muchas ocasiones no queremos cambiar porque nos identificamos más con la identidad que nos dio el árbol que con la propia, porque además, pensamos que si cambiamos ya no nos van a querer igual. Si siempre he sido “el vago de la casa, como el tío Roberto y ahora me vuelvo trabajador… ¿qué va a pasar?, ¡no me voy a reconocer! y para colmo, ¡no me van a reconocer, ni a querer si me salgo del guión!”
Hay múltiples formas en que esas trampas-resistencias asoman en nuestro avance, pueden aparecer enmascaradas de muchas formas, por ejemplo: no encontrar los datos, o que los encuentre y se me pierdan, llegar tarde o faltar a la cita con el arbolista… Es bueno que sepamos detectarlas, para interpretarlas y desactivarlas antes de que boicoteen nuestro avance hacia lograr la finalidad.
El disolvente universal es una persona que ha desarrollado en su corazón el amor divino. Un amor que disuelve todas las resistencias.
BNE Torreón